¿Las reformas educativas reforman las escuelas o
las escuelas reforman las reformas?
las escuelas reforman las reformas?
Las escuelas siempre significaron las propuestas de las macropolíticas
educativas. Con esta afirmación queremos dar cuenta de los procesos a través de los
cuales las escuelas tradujeron las propuestas; las interpretaron; las quebraron;
encontraron en ellas intersticios insospechados sobre los que desplegaron su autonomía;
las momificaron; las fetichizaron; las banalizaron; las superaron, aprovechando sus
potencialidades. Por ello, no son sólo o exclusivamente las “medidas en si” (reformas
curriculares o estructurales) las que definen o deciden los cambios reales, sino el modo
en que colectivamente se elaboran, se producen, se redefinen y terminan siendo
apropiadas (y en consecuencia ya nuevamente modificadas).
Las escuelas nunca perdieron capacidad legislativa (se dieron sus propias
normas aunque no todas fueron escritas) y nunca dejaron de sentar jurisprudencia
(interpretaron el espíritu de las leyes y normas estructurantes de los sistemas educativos
y de sus instituciones).
Las instituciones y los actores pueden simultáneamente estar “encariñados”
con las viejas formas (aún si están plenas de malestar) y, al mismo tiempo, estar
dispuestos a no decir “no” a la novedad, especialmente si ésta se propone a partir de la
construcción de la confianza y la responsabilidad.
Las instituciones están habitadas por la dinámica entre instituido e
instituyente: generalmente lo que se percibe como ataque, propicia el abroquelamiento;
lo que se inscribe como alternativa, canaliza inquietudes; lo que se comunica como
culpa, no promueve la responsabilidad.
Cada movimiento reformista propicia uno u otro trámite y suele ocurrir que
las escuelas, en su micropolíticas cotidianas tiendan a reconstruir, en el singular de las
macropolíticas, el plural no siempre considerado, a veces claramente expropiado.
Nos importa destacar que en los términos más clásicos de las teorías
institucionales UNA REFORMA es un movimiento instituyente que busca constituirse en instituido; cuando lo logra suele ver con recelo a cualquier nuevo instituyente que pugne por instituirse. En ocasiones, las innovaciones se producen casi “en contra” de los
reformistas si éstos se vuelven adictos al formato único y carecen de
multiperspectividad: En otras oportunidades, la secuencia de los cambios que se
proponen inhabilitan a los actores, porque solicitan más resistencias que adhesiones.
Siempre que aparece una “resistencia” la misma amerita un análisis que deponga una
respuesta reduccionista. En este sentido, sería erróneo adjudicar a priori, sin una lectura
que no eluda la complejidad, una posición resistencial de los actores. En muchos de
nuestros países, cambiar era sentido como una necesidad compartida y la idea de
REFORMAR conllevaba la ilusión de tiempos mejores. Cabe destacar que no siempre el deseo de transformar encontró en las reformas y/o el los reformistas un eco coincidente y al mismo tiempo las reformas y/o los reformistas encontraron (o generaron) escollos a los mismos cambios que querían introducir.
Valdría la pena detenerse a comprender cuáles han sido, o son, algunos de los
destinos de la/s reforma/s e intentar indagar acerca de los entusiasmos y/o de las
decepciones que constituyen el panorama actual, para poder pensar e imaginar
escenarios prospectivos. Para ello, debemos tener en cuenta que las instituciones
transitan de modos distintos la inagotable dinámica instituido - instituyente y el modo
en que lo tramitan y elaboran constituye uno de sus rasgos de identidad.
En el interjuego entre macro y micropolíticas intervendrán, entre otros factores,
tanto el quantum tolerable de incertidumbre (o el mínimo de certezas necesario); las
modalidades de inclusión (que remite al tema de las secuencias y temporalidades de los
cambios tanto como a la construcción de posibilidades y habilitaciones a la
participación); la disponibilidad a la escucha; la capacidad asociativa que se propicie,
sin desdibujar la responsabilidad del Estado y sin privatizar las decisiones; la
intersectorialidad (que “alivia” al sistema educativo de la sobredemandas sociales); la
pertinencia, legalidad y legitimidad de lo que se propone (pertinencia pedagógica,
legitimidad política y legalidad que están dadas por el componente de justicia que esté
en juego).